
R+D CSIC es una publicación electrónica de la Oficina de Transferencia de Tecnología (OTT) para dar a conocer la investigación de los centros del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Está elaborada por la Unidad de Comunicación y Transferencia de Tecnología, Delegación del CSIC en Cataluña. © CSIC. La información escrita contenida en estas páginas puede ser reproducida citando R+D CSIC como fuente. |
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HORIZONTES. Paisajes futuros de la investigación Enterrar el CO2. Más tecnología contra el efecto invernadero 17 de abril de 2009 La concentración en la atmósfera de CO2, principal gas responsable del efecto invernadero, no deja de aumentar y las tecnologías limpias son insuficientes para minimizar las emisiones. En este contexto de urgencia, el almacenamiento geológico de CO2 puede ser una solución, complementaria, viable en un futuro próximo.
La implantación de un tejido tecnológico basado en energías renovables, eficientes y limpias es, para una gran mayoría de expertos, una medida indispensable si se quiere garantizar unas condiciones de vida óptimas en el planeta para las próximas generaciones. Sin embargo, la puesta a punto y comercialización de estas tecnologías se está produciendo de manera muy lenta, lo que contrasta con el aumento acelerado de la demanda energética mundial y, consecuentemente, de las concentraciones de los gases de efecto invernadero en la atmósfera.
Por otro lado, es posible que, en los próximos años, para asegurar las crecientes necesidades energéticas, y por paradójico que pueda parecer, muchos países vuelvan al uso de fuentes de energía prácticamente abandonadas, como el carbón. Es urgente encontrar medidas complementarias para paliar un problema ambiental que puede convertirse, si no lo es ya, en una pesadilla. Una opción podría ser el almacenamiento del dióxido de carbono (CO2) en capas geológicas estancas bajo tierra, método que, de resultar eficaz, permitiría explotar el carbón sin un exceso de contaminación. El CO2 de la atmósfera
Se ha calculado que el dióxido de carbono (CO2) es el responsable de un 64% del calentamiento global del planeta provocado por el ser humano. Por eso, el principal objetivo de la agenda política y científica para hacer frente al efecto invernadero es reducir al máximo las emisiones de este gas . El CO2 se encuentra presente de forma natural en la atmósfera (0,033%) y tiene un papel importante en la regulación de la temperatura de la Tierra. Evita que el calor acumulado durante el día se escape en las horas de oscuridad, gracias a su capacidad de retener la radiación de longitud de onda larga. Pero desde la época de la industrialización su concentración en la atmósfera ha aumentado exponencialmente y lo que en un principio era beneficioso se ha vuelto perjudicial. Así, la emisión masiva de CO2 en la atmósfera al quemar combustibles fósiles, junto a otros gases de efecto invernadero, está provocando un calentamiento del planeta con consecuencias sobre el clima y la vida. Actualmente las concentraciones de CO2 en la atmósfera se acercan a los 400 ppm (partes por millón), una cifra cada vez más próxima a los 450 ppm que el grupo de expertos en la materia de las Naciones Unidas (Intergovernmental Panel on Climate Change - IPCC) ha establecido como el umbral que no se debería superar. Mantenerse en ese margen es vital para que la temperatura del planeta no aumente más de 2 grados C, respecto a la temperatura pre-industrial, y no se produzcan consecuencias realmente dramáticas para la vida. Almacenes de CO2 en el subsuelo El almacenamiento geológico de CO2 es un sistema que pretende capturar este gas e inyectarlo en estratos geológicos apropiados bajo tierra o bajo el mar. La idea surgió de la existencia en la misma naturaleza de formaciones geológicas, de decenas de millones de años, que contienen CO2, lo que hizo pensar a los científicos que quizá se podría hacer lo mismo de manera artificial. Desde hace aproximadamente un par de décadas se están realizando estudios en diferentes países (en Europa, Canadá, Estados Unidos, Australia, y Japón) sobre estos reservorios naturales de CO2 y sobre la viabilidad de poner a punto una tecnología para almacenar CO2 de forma masiva. Tecnología apta para el CO2 El CO2 no es un gas inerte y, por tanto, se necesita una tecnología de captura, distribución y almacenamiento adaptada a este gas. En el proceso de captura de CO2, que se produce en las centrales de combustión, éste se tiene que deshidratar a fin de evitar la corrosión de las infraestructuras y, después, comprimirlo, para hacer que el proceso sea más eficiente. Esta tecnología ya existe porque las compañías petrolíferas a menudo han utilizado la inyección de CO2 para optimizar la explotación cuando está en fase final. Después, la distribución del CO2 desde la planta hasta el lugar de almacenamiento se puede hacer a través de canalización o bien con barco. Actualmente la principal vía de transporte es la canalización, que es más rentable, aunque parece que en un futuro se podría aprovechar los sistemas de navieros que transportan gas de petróleo líquido. Finalmente, la inyección del CO2 se hace bajo presión, siempre superior a la del sitio de almacenamiento para poder desplazar los líquidos o gases existentes. Otro aspecto importante en la implantación de los sistemas de almacenamiento geológico de CO2 son las cuestiones de seguridad humana y ambiental. Es necesario conocer qué implicaciones tiene sobre el medio el establecimiento de un almacén geológico de CO2. También se necesitan mecanismos de respuesta para actuar en caso de que se produzca una fuga y el CO2 se libere a la superficie. Por ello, habrá que establecer un abanico de dispositivos de monitoraje que permitan controlar los parámetros de seguridad. La predisposición de los agentes industriales a invertir grandes esfuerzos en el desarrollo tecnológico del CO2 dependerá de un conocimiento profundo y realista que garantice la rentabilidad de la explotación a medio y largo plazo. En este sentido, la fundación Ciudad de la Energía (CIUDEN), donde participan investigadores del CSIC, está liderando una iniciativa que permitirá consolidar la tecnología del CO2 en España. Plan piloto de almacenamiento de CO2 La fundación Cuidad de la Energía (CIUDEN) fue creada por el Gobierno español el año 2006 con el fin de establecer un tejido tecnológico, industrial y de investigación alrededor del almacenamiento geológico de CO2. “Sin la aceptación social, el almacenamiento geológico de CO2 no será viable” Reducir las emisiones Los compromisos internacionales como el protocolo de Kioto han supuesto un gran reto para los países signatarios que tienen la voluntad de minimizar las emisiones de gases de efecto invernadero. Ahora bien, a pesar del esfuerzo de algunos países para cumplir las expectativas comprometidas, en la escala global difícilmente se puede ser optimista. En el caso español, por ejemplo, en las dos últimas décadas se ha hecho una apuesta sólida por el desarrollo de las tecnologías renovables y se ha situado en la cabecera europea en esa materia. Pero, si se atiende a las emisiones, España se comprometió a garantizar que las emisiones de CO2 en la atmósfera el 2012 estarían sólo un 15% por encima de las del año 1990 y en el 2005 éstas se situaban ya un 45% por encima. A parte de las sanciones económicas que eso implicará en los países que, como España, no logren los compromisos en la reducción de las emisiones de CO2, el hecho importante es que se estará lejos de haber resuelto el problema ambiental. Ante este panorama, es necesario encontrar nuevas vías para reducir la concentración de CO2 en la atmósfera. Cuanto más amplio sea el abanico de opciones disponibles para abordar esta cuestión, más posibilidades habrá de conseguir el objetivo. En este sentido, el almacenamiento geológico del CO2 se contempla como un sistema que podría permitir la explotación no contaminante de los combustibles fósiles en la transición hacia las energías renovables. Se cree que podría contribuir con un 33% en la reducción de CO2 de aquí al año 2050. No obstante, Andrés Pérez-Estaún destaca un aspecto que no se puede pasar por alto: “sin la aceptación social, el almacenamiento geológico de CO2 no será viable”. Por ese motivo, es importante dar a conocer los beneficios y los riesgos asociados a este sistema a medida que se obtengan nuevos resultados. Laura Valls
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